Sunday, February 21, 2010

HILOS SOBRE EL CUERPO

No puedo afirmar que esto sea "una puntada", porque requeriría saber la forma, el movimiento adecuado, por eso hablo de "hilos", es decir, sobre posibilidades de puntadas.
Es domingo, Jacobo ya gatea y en este instante está sentado con un libro de brujas en medio de las piernas, un libro grande, ilustrado, que él mismo bajó de la mesa de centro de la sala. Hace un par de minutos estaba jugando con las cuerdas de subir-bajar las cortinas porque, al moverlas, hacía sonar un adorno de esos de tubos (no sé cómo se llaman) que me regaló Diana hace años, campanitas accionadas por él... Ahora Jacobo es más dueño de su cuerpo puesto que puede moverse más y alcanzar objetos que antes eran irreales, su cuerpo es ahora un mejor "vehículo", una nave genial que lo lleva cada vez más lejos...
Mientras él descubre el mundo inmenso gracias a su cuerpo, yo estoy leyendo acerca de la terrible esclavitud a la que sometemos a nuestros cuerpos, especialmente las mujeres, por querer cambiarlos por cuerpos "modelo". Debido a los discursos estéticos, médicos, de la moda y de la farándula... hemos dejado de ver nuestros cuerpos como el increíble medio de establecer contactos con los otros y con el mundo. El cuerpo nave, el cuerpo puente, el bello cuerpo capaz de dar lugar a la vida, al placer, a las sensaciones, a la transformación. Cuerpo natural, cuerpo sabio, mi cuerpo y tu cuerpo que danzan, que se tocan, que resuenan, que sudan y sangran, que fluyen y conservan, que crecen y envejecen sin dejar de ser bellos, que acumulan las huellas, los rastros de nuestras historias.
¿Cuándo dejé de sentir mi cuerpo y de percibirlo como ahora lo hace mi hijo? ¿Cuándo dejé de asombrarme frente a las posibilidades que me ofrecía? ¿Cuándo de dejé de saborearlo todo, de tocarlo y olerlo todo porque lo que veía no me daba la suficiente información? Ahora priman las apariencias, la forma como se "ven" los cuerpos; no importa cómo se sienten ni se sientan; en cuanto al olor o al sabor, mejor que no sepan a nada y que huelan a las múltiples fragancias de los productos de belleza.Cuerpos lampiños, perfumados, higiénicos, lisos, delgados al extremo; es decir, cuerpos sin edad, sin historia, sin personalidad, sin gracia, sin carne, e incluso sin sexo... Cuerpos "puros", como las ideas platónicas, cuerpos que niegan la corporalidad y la naturaleza, que sufren porque son réplicas imperfectas de los "ideales perfectos", que no existen.
Mi hijo se ha dado tres golpes en esta última hora, contra la punta de una mesa, contra el borde de la mesa, con el piso de madera... se queja, claro, llora un poco porque le dolió, pero sigue. El dolor le enseña a moverse mejor, a calcular las distancias... El cuerpo nos duele, a veces; el cuerpo cambia, siempre. ¿Qué implica querer negar el dolor? ¿Qué consecuencias nos trae querer detener el cambio en nuestro cuerpo? Sufrimiento, eso es. Sufrimos no por lo real, sino por nuestras interpretaciones de los hechos; sufrimos cuando peleamos con nuestro cuerpo, cuando lo negamos, porque allí está el desprecio que sentimos por lo que somos, por nuestra identidad. Nos negamos a ver nuestra belleza, nuestro poder, nuestra magia. Desterramos el misterio de nuestro cuerpo y de nuestra vida, así que perdemos la capacidad de escuchar las señales, de andar a tientas, de encender, poco a poco, pequeñas luces...
Es domingo, el cielo está despejado y el sol lo ilumina todo. Estoy triste porque extraño mi cuerpo y, a la vez (paradojas posibles de la existencia humana), estoy feliz porque mi hijo me enseña a ver, me recuerda...

2 comments:

Anonymous said...

Una sabia maestra mía escribe: "¿Qué implica querer negar el dolor?" Yo me atrevería a contestar que esa es simplemente una de las mayores pruebas de nuestra naturaleza humana
e imperfecta. Pero ese "razonamiento" me obliga a preguntarme: ¿Qué pasa entonces cuando uno parece encontrar el comfort precisamente allí?

Raúl Padrón Villafañe said...

Solo quería decir que muy lindo jacobo, y tiene el mirar nítido como un girasol, como los que tienen la costumbre de ir por los caminos mirando a la derecha y la izquierda y de vez cuando hacia atrás; y lo que ven a cada momento es aquello que nunca habían visto antes, y se dan cuenta muy bien.

Lo otro es que hizo falta leer a carolina, me alegra poder leer sus reflexiones otra vez.